Bad Bunny transforma el Halftime Show del Super Bowl LX en un manifiesto de orgullo latino
- 9 feb
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Del campo a la ciudad: la vida cotidiana como protagonista

Bad Bunny hizo historia en el Halftime Show del Super Bowl LX al convertir uno de los escenarios más vistos del planeta en un poderoso manifiesto de identidad, orgullo latino y amor por Puerto Rico. Durante casi 14 minutos, el artista logró lo que pocos: unir música, símbolos culturales y un mensaje político sin perder el espíritu festivo que lo caracteriza.

El espectáculo inició en una plantación de caña, con campesinos portando la tradicional pava jíbara, una clara referencia a las raíces rurales de la isla. Esta imagen, recurrente en la promoción de su álbum “Debí tirar más fotos”, marcó el tono de una narrativa que transitó del campo a la ciudad, mostrando escenas de la vida cotidiana: carritos de comida, juegos de dominó, boxeadores callejeros y familias trabajadoras.

Uno de los momentos más comentados fue el enfrentamiento simbólico entre los boxeadores Xander Zayas, campeón puertorriqueño, y Emiliano Vargas, pugilista mexicoestadounidense, en un guiño a la histórica rivalidad deportiva entre Puerto Rico y México.

El show se trasladó luego a “La casita”, una recreación de la vivienda típica puertorriqueña que Bad Bunny ha convertido en emblema de su gira. Este espacio, amenazado por la gentrificación, fue escenario de la aparición de celebridades como Pedro Pascal, Karol G, Cardi B, Jessica Alba y Young Miko.

Vestido con un jersey blanco con el apellido “Ocasio” y el número 64, el artista rindió homenaje a su familia y a la historia de Puerto Rico. Aunque no existe confirmación oficial, el número ha sido vinculado al 64º Congreso de Estados Unidos, que otorgó la ciudadanía estatutaria a los puertorriqueños en 1917.

La presentación alcanzó su punto más emotivo con una boda latina en escena, la sorpresiva aparición de Lady Gaga en versión salsera y la participación de Ricky Martin, quien interpretó temas asociados a la resistencia puertorriqueña. Elementos como los apagones simulados, las sillas plásticas y la bandera con el triángulo azul claro reforzaron el mensaje político y cultural.

El cierre, con las banderas de América ondeando en el estadio, selló un mensaje de inclusión y fraternidad continental. Ante más de 140 millones de espectadores, Bad Bunny no solo ofreció un espectáculo musical, sino una declaración contundente:
“Lo único más poderoso que el odio es el amor”.






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